He estado enferma de las vías respiratorias desde hace dos meses, así que he hecho lo que cualquier mexicano promedio haría: automedicarse.
Medio me curé hasta que recaí. Me volví a medio curar y volví a recaer.
Entre mocos (a veces verdes, a veces blancos), pasé la navidad y el año nuevo.
Seguí resistiendo hasta que ayer estuve harta de do poder respirar, de voquear por doquier y de edpezar a toser al sólo produnciar dos palabras.
Así que hice lo que cualquier mexicano promedio haría: ir al médico.
La experiencia de ir al otorrino... ha sido muy buena. No sólo he tenido la oportunidad de ver mi nariz por dentro y descubrir que esos horribles vellos sólo están en la parte más externa, también he podido confirmar que somos todos Rosas por adentro, no importa la cavidad por la que nos asomemos.
Lo mejor que saqué de esa visita es que ya puedo respirar y eso se siente bien.
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